En su vejez, Cardoso confesó que jamás tomó notas durante su reporteo. Le bastaba con la conversación, con vivir un escenario y apropiarse de un lenguaje que reconstruir luego en un relato con ese tono apagado de sus narradores.
Quizá esa sea la peor secuela de esta semana. No el rash, ni la fiebre, ni el dolor que todavía siento y sentiré al cerrar las manos. Lo verdaderamente peligroso es acostumbrarse a que enfermar sea una consecuencia lógica del lugar donde vivimos.