Hace medio siglo el semanario Pionero estrenó la historieta de un guajiro mambí, llamado Elpidio Valdés, que pocos años más tarde no solo ensancharía...
Si tuviera que hacer reclamaciones, sería la brevedad de un relato que no cede a la conveniencia de la Historia, ni de Mike Porcel, ni del gobierno cubano.
Desde el tercer año de la carrera de Arquitectura, el Muke había logrado un viejo sueño de la niñez: ser científico. Había sido captado para el Centro de Investigaciones de Métodos Computacionales y Numéricos en la Ingeniería perteneciente a la Universidad Central de Las Villas (UCLV) y había cumplido el encargo, junto a un amigo, de programar un videojuego con gráficos 3D para un empresario extranjero.
Para mucha gente Rápido y Furioso 8 en La Habana fue como “la reconquista”. Las calles cerradas, el helicóptero volando rasante, la policía y cientos de jóvenes cooperando con los técnicos americanos, todo eso girando alrededor de un eje, de un concepto. El concepto de cómo Cuba se abrió de piernas ante los americanos.