No me recrimino por haberme lanzado a la prueba de Etecsa como se lanza un perro hambriento a un trozo de carne. Probablemente, si la repiten, vuelva a lanzarme. La paciencia no es lo más difícil de mantener en Cuba, sino la lucidez.
Debe haber mucha gente ahora que no sabe que, el 19 de junio de 2018, este país escaso y tramposo, bello a pesar de todo, perdió a uno de los imprescindibles.
Es probable que, en mi caso, el mestizaje sea más el resultado de una historia de violencia que de amor. No es algo bueno ni malo; es algo que es y ya, que forma parte de mi identidad y me enorgullece.
Cuando los quince me alcanzaron sin haber tenido novio, me volví sospechosa de ser homosexual. A la inseguridad que me generaba el hecho de no haber tenido novio se le sumó entonces algo peor: vergüenza.