Me había convertido, por un momento, en un turista de mi pasado; el peregrino que estaba recorriendo, más que un lugar, las ruinas de un tiempo y el trazado urbanístico de una memoria.
Lo que parece claro en Venezuela es que la gente no es tonta, que no se puede hacer política sin pensar en lo que la gente quiere. Quiero pensar que hay que tener paciencia. Si esta fuera una serie de televisión, es como si hora estuviera comenzando una nueva temporada.