Hay un momento, tanto para Cuba como para Charles, donde la revolución parece írseles de las manos. Hay un quiebre en la vida de Charles, ridículo y descabellado, tenebroso también, inexplicable, donde la secuencia de hechos se desconecta y enchufa en otra realidad: la realidad más o menos normal de un cubano.
La joven influencer cubana y su madre fueron condenadas a dos años de limitación de libertad por grabar y publicar la visita de un agente del Ministerio del Interior a su vivienda en marzo pasado.