Cuando los activistas cubanos Marthadela Tamayo y Osvaldo Navarro hablan, usan palabras como «ciudadanía», «articulación», «comunidad», «barrio» o «sociedad civil». Cualquiera diría que son términos válidos solo para las sociedades en democracia, y no para un país cerrado, donde parece que todo el mundo se marchó.
La Sierra del Infierno y los acuáticos se volvieron, junto a la base militar de EE.UU. asentada en la provincia de Guantánamo, uno de los dos únicos territorios dentro de los límites de la isla que la revolución cubana no pudo allanar.
La joven influencer cubana y su madre fueron condenadas a dos años de limitación de libertad por grabar y publicar la visita de un agente del Ministerio del Interior a su vivienda en marzo pasado.