Desde que Richard B. llegó, empezaron a llegar las cartas. Todas comenzaban con la misma frase: «BUEN TRABAJO». Las menos tenían un remitente conocido. Algunas me parecían irónicas, otras sospechosas, pero un par me parecieron reales. ¿Qué trabajo?, empecé a preguntarme.
La joven influencer cubana y su madre fueron condenadas a dos años de limitación de libertad por grabar y publicar la visita de un agente del Ministerio del Interior a su vivienda en marzo pasado.