‘Los placeres del exilio’ son, más que nada, la posibilidad de hacer una lectura que pudiéramos llamar imaginal y a contracorriente de la historia caribeña y americana; una novedosa forma de ver la realidad desde la conciencia de un sujeto que, aunque se sabe colonial, no vacila en apropiarse de la lengua del amo para lograr su independencia cultural y política.
Hacer propuestas cuyos requerimientos materiales son inespecíficos es dar margen a que el castrismo las aplique con lo que tiene y actúe como reformador; es ser el asesor técnico en la sombra.