Es de un pueblo de Cuba donde lo irracional se torna realidad bendita. Añora masticar la caña subido a un vagón ferroviario. Nunca ha visto un juego de pelota entero. Y no se cree ya ningún cuento mal contado. Cinco años después, comprendió que había cometido el peor error de su vida. Pero como no le queda otra opción, aún continúa escribiendo.
Quien paga la hora wifi a 2 CUC no se conecta para leer periódicos. La gente tiene necesidades más apremiantes: el anhelo por la madre ausente, el par de zapatos con la talla exacta o incluso unos calcetines blancos.