La huida de Yunior García y el descalabro de Archipiélago debieron bastar para que la oposición cubana comprendiese, de una vez, que la política hay que hacerla en el terreno y se fundamenta en el trabajo con la gente.
La joven influencer cubana y su madre fueron condenadas a dos años de limitación de libertad por grabar y publicar la visita de un agente del Ministerio del Interior a su vivienda en marzo pasado.