David Carr fue muchas cosas, pero más que cualquier otra, nadie lo duda, fue un guerrero. Además de luchar contra su adicción, enfrentó a los dictadores de la industria mediática, encaró a los magnates del negocio editorial, destruyó a los impostores de la nueva era y, en la recta final, le plantó cara al cáncer.
La joven influencer cubana y su madre fueron condenadas a dos años de limitación de libertad por grabar y publicar la visita de un agente del Ministerio del Interior a su vivienda en marzo pasado.